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El crack del Cabanyal
El central llegó al Levante a los nueve años y no rechaza irse, aunque en tal caso le gustaría volver como Juanfran y Ballesteros El gol en Cádiz consagra en la titularidad a Héctor Rodas
El Cabanyal vio nacer un crack hace casi 22 años. Su llegada al mundo fue mucho más discreta que la competición esa de barcos, dicen que la Fórmula 1 del mar, y que Héctor Rodas casi puede seguir desde la casa donde pasó la niñez. Ese chavalín del marítimo empezó a jugar a fútbol por pura pasión. Iba cada domingo al Ciutat de València y en su inocencia no soñaba con que algún día sería uno de los centrales titulares del Levante.
Llegó al club a los nueve años. «Me había apuntado a fútbol en el colegio y en verano fuimos al campo de la Malvarrosa, donde entrenaba el Levante. Había unas pruebas y me cogieron. Desde entonces sigo ahí, porque yo tenía claro que quería jugar. Me divertía y he llegado al primer equipo».
Para su cumpleaños, que será dentro de un mes (7 de marzo), Héctor soplará las velas mientras piensa un deseo: terminar de consagrarse como pieza clave de Luis García. No será difícil conseguirlo, porque cada domingo, el defensor valenciano se supera. «Es una cuestión de seguridad y eso resulta difícil si juegas un partido de cada cuatro. Yo confiaba en mí, aunque siempre se ha dicho que para la posición de central hace falta experiencia y estoy en mi primer año».
Héctor aún recuerda su debut en la Liga Adelante. Fue la temporada pasada frente al Rayo, y su compañero era, como no, Ballesteros. «Me dijo que estuviese tranquilo porque me lo había ganado. Él transmite paciencia. Corrige cosas cuando te equivocas, pero sin ponerse nervioso». Rodas asegura que el ambiente en la plantilla es cordial, incluso con sus competidores: «Robusté ha estado lesionado, pero Serra me dio la enhorabuena tras el partido ante el Villarreal B».
El joven central restó importancia al gol del domingo. «Es una jugada ensayada. Sergio (Ballesteros) va al primer palo para aprovechar su corpulencia y yo me cuelo entre los defensores. No sabes a dónde va a ir el balón, así que hay que rematar con lo que sea».
Héctor Rodas dedicó el tanto a Miguel Ángel, su padre, militar de profesión y que se fracturó esta semana la clavícula haciendo footing. Por eso, el jugador se cuadró y saludó como si fuera un soldado, simulando tener un brazo en cabestrillo. «Me llamó después del partido para felicitarme. Él y toda mi familia, amigos... recibí muchos mensajes el domingo».
Sergio Boix, jugador del filial, fue una de las llamadas que más emocionó a Héctor Rodas. Ambos han compartido horas en el autobús que recoge en Valencia a los chavales que van a entrenar a Buñol. «Me recogían a las 17 y volvía a casa a las 21». Como muchos futbolistas, preferiría que la Ciudad Deportiva estuviese más cerca de la capital. Respecto a la ubicación del estadio, tampoco se moja, aunque su comentario está en consonancia con el sentir mayoritario: «El club está identificado con Orriols, pero si hay de irse para salvarlo, que se haga lo mejor para la entidad».
Esos viajes le sirvieron para forjar una amistad. Ambos chavales salen juntos. «Él vive en mi mismo barrio y quedamos, aunque últimamente no tengo mucho tiempo. Me haría ilusión jugar a su lado en el Levante. Creo que merece una oportunidad, igual que otros del filial como Lois, Mossa o Saúl».
Héctor estudia Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Ha tenido que cambiar de facultad para poder compaginar los apuntes con los entrenamientos en un equipo profesional. «Por suerte se me da bien. Acabo el año que viene».
A partir de entonces, mirará hacia el futuro, pero momento lo hace de reojo. «Yo estoy muy bien en el Levante». Pero claro está, Héctor está en progresión y ante una oferta que pueda mejorar sus ingresos y reducir la deuda de la entidad, tampoco le hace ascos. «Habría que ver si nos interesa a las dos partes». El central, en el hipotético caso de tener que hacer las maletas, se mira en el espejo de dos compañeros de plantilla. «Este es el club de mi vida. Juanfran y Sergio se marcharon y ahora han podido volver».