Esto dice la prensa almeriense sobre el partido de ayer. (Sí, ese que Radio 9 ignoró y la prensa valenciana redujo a noticias de Agencia). ¿Sorprendente?
Borda la teoría, pero suspende la práctica El Almería fue muy superior jugando al fútbol, pero el Levante tuvo acierto y ganó en el 'otro fútbol'. Más claridad para sacar el balón y más verticalidad
Pablo Laynez / cieza (murcia) enviado especial Pese a que la organización de este estrambótico I Trofeo del Melocotón había designado como local al equipo de Lillo, e incluso lo había agasajado con el himno almeriense cuando ambos equipos saltaron al césped, el Almería decidió estrenar su curiosa segunda equipación en Cieza, en la que cambia el rojo por el gris claro. Novedosa, rara y muy llamativa para lo que han sido otros años las indumentarias suplentes.
En un campo no más grande que Las Chocillas o el Constantino Cortés, situado en mitad de un cerro y con el césped bastante alto, el Almería trató de imponer su juego de toque y posesión. De inicio, Lillo puso defensa de cuatro, que no está dando tan buen resultado como la de tres; en el centro del campo escoró a la derecha a Valeri y le dio el '9' a Goitom. Pero en una jugada de las del fútbol de antaño, donde primaba la fuerza y el instinto sobre los corsés tácticos, un trallazo de falta de Rubén adelantó a un Levante, que vivía sólo de la colocación. Por tercera vez esta pretemporada, el Almería se situaba por detrás en el marcador e iba a buscar la remontada sin
modificar un ápice su estilo. Algo digno de alabar, si no fuera porque en Primera no se les puede dar a los equipos esa posibilidad de adelantarse.
Goitom tiraba desmarques, Corona no recibía entre líneas, mientras que Crusat y Valeri la buscaban tanto en la banda como en el centro. Pero los granotas estaban bien cerrados, pegando mucho y muy duro por bajo, y los centrales albigrisáceos no encontraban una salida rápida y peligrosa del balón. Sin duda, un buen examen en el que había que mostrar algo más que hasta el momento, y dejar claro que también saben practicar el otro fútbol, el que se juega a ras de césped, para aprobar. Alfonso García, como siempre que puede, tomaba buena nota.
Viendo que faltaba verticalidad aunque tenía el balón, Lillo hizo todos los cambios al descanso y volvió a la defensa de tres. La calidad que tiene el equipo en el centro del campo, donde se situaron todos los jugones tras la reanudación, le permitieron al Almería encontrar huecos donde antes sólo había botas granotas. Además, Ulloa ofrece una alternativa interesante a la hora de recibir el balón y aguantarlo con inteligencia de espaldas, momento que aprovechan Valeri o Corona para penetrar entre los centrales.
Conforme pasaban los minutos, el Almería se hizo dueño y señor del partido ante un Levante que sólo aparecía para dar rasca. De hecho, Jakobsen tuvo dos lanzamientos de faltas muy peligrosos, que murieron en una barrera que apenas estaba a cinco metros. Al colegiado, de la Tercera murciana, le quedaba muy grande el partido, pero trató de cumplir. Ortiz Bernal rozó el gol tras rematar a bote pronto un centro desde la izquierda. El Almería estaba bordando la teoría, pero la práctica, que es el gol, se le resistía.
De hecho, hubo momentos en los que el equipo practicó un fútbol de manual ante la desesperación de un Luis García, técnico del Levante, que no paraba de mirar el reloj. Tan sólo en un robo de balón se aproximó Juanlu, ex del Almería, al área y Acasiete se encargó de abortar la jugada con seguridad. Está claro que con puntos en juego, el equipo de Lillo hubiera adoptado otra dinámica y se hubiera lanzado más en tumba abierta a por el empate. Sin embargo, ayer fue un exigente ensayo en el que la satisfacción sólo llegó por el buen juego desplegado, aunque se cosechara la primera derrota de la pretemporada.
Y es que ante la dureza con la que se estuvo empleando el Levante, que provocó un conato de pelea entre Piatti y Nadal, el bisoño Sebastián López prefirió mandar a los equipos a vestuarios, viendo que el partido se le había ido de las manos hacía ya muchos minutos. Finalmente, un 0-1 que tiene el mismo valor que todas las victorias de esta pretemporada, es decir ninguno, pero que debe ser un acicate para no relajarse, al igual que le sirvió a España aquel tropiezo ante Suiza en el Mundial.